Terapia de pareja

Corren tiempos de relaciones inestables, de amor líquido, de cambio de pareja sin mirar atrás y de consumo de cuerpos escondido en pasiones frías y efímeras. Sin embargo, muchas personas todavía deciden apostar por su pareja, por recuperar una verdadera intimidad, por conocer de verdad y más profundamente al otro. Únicamente desde aquí, así como desde la escucha y el corazón, se puede construir una relación verdadera, sana y nutritiva.

Curiosamente, una relación así se sitúa en otro lugar diferente al enamoramiento inicial: en esta etapa, que suele durar con intensidad el primer año y con algo menos de fuerza los 2 o 3 siguientes (aunque es muy variable, depende de cada persona y de factores como la edad o la distancia), en realidad nos imaginamos cómo es el otro. Enamorarse es amar intensamente a una idealización que nosotros mismos hemos creado, proyectando todo lo bueno que amamos en alguien, sin cuestionar que quizá nuestra pareja no tenga tanto que ver con esa imagen. Es un sentimiento embriagador, maravilloso, intenso, que nos devuelve o crea la esperanza de un sentido vital, una unidad y un acompañamiento que perdurará siempre. Pero, como sentencia la famosa cita de Lacan, supone «dar lo que no se tiene a quien no es» y no puede durar siempre. La buena noticia, es que después de este enamoramiento puede llegar el amor.

El enamoramiento es una forma de vínculo poderosísimo, pero fantasioso, posesivo e infantil. Recordemos cualquier canción romántica: en ellas no habla un adulto, sino un niño indefenso, caprichoso, posesivo, egocéntrico, solo y herido («Quiero amarrarte a mí/Y no entiendo/Cómo puedes estar/Estar sin mí», «I’ll be watching you/ Oh, can’t you see/ you belong to me/ How my poor heart aches/ With every step you take»). Un vínculo con una fuerza enorme pero a la par frustrante, esclavo y efímero: en realidad nada elegimos en el enamoramiento, rápidamente se acaba y luego queda otra cosa. Algo real: una persona de verdad frente a nosotros, con todas sus contradicciones, imperfecciones y heridas. Y solo entonces puede surgir un amor verdadero, perdurable, basado en la verdad de quien somos nosotros y de quien es nuestra pareja, y en una decisión consciente de permanecer con ella pese a los inevitables problemas.

Los problemas, aunque variados y cambiantes en el tiempo, suelen tener que ver con el tipo de compromiso que se articula, con la construcción de una intimidad común satisfactoria para los dos, con los cambios en la sexualidad en las diferentes fases de la pareja, con la compatibilidad de necesidades diferentes en cada miembro, con la diferenciación de cada uno de su familia de origen (condición indispensable para construir una propia), con canales de comunicación atascados y con alcanzar pactos (de protección, de cuidados, de reproducción, sociales, y muchos otros) satisfactorios para ambos. Consiste en escuchar con calidad, en mirar desde el corazón, en cuidarse, en estar juntos al tiempo que también podemos estar separados y en conocerse de verdad… Todo esto, lo aprenderemos en la terapia de parejas.

No es siempre una tarea fácil reconstruir la relación en estos tiempos de precariedad, continuos cambios, parejas desechables, apps que nos prometen personas irreales y vínculos líquidos. Para quienes aun apuestan por la construcción de un vínculo real y estable, por conocer y aceptar de verdad a su pareja, por una elección verdadera, está la terapia de pareja. Ofrezco tanto una terapia con la pareja sola conmigo, como con una compañera en coterapia, según las necesidades y deseos de cada pareja.